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Crítica de FAUSTOUn enemigo del pueblo

FAUSTO

PURIFICANDO LA SOCIEDAD

El origen de la tragedia es una explícita alegoría: el hallazgo de aguas emponzoñadas dentro del nuevo y prometedor balneario local. Descubrimiento de la putridez que, poco a poco, se va verificando la misma fetidez en las fuerzas vivas de la comunidad; las aguas contaminadas son el reflejo de su corrompida condición.
El drama se inicia con la descripción de una eminente familia del lugar; de una parte un estimado y querido médico con esposa e hijos, y de la otra el alcalde, el hermano del galeno. En un corto diálogo entre ambos protagonistas masculinos Ibsen encuadra, por sus expresiones y ademanes, los antagónicos caracteres: dos formas opuestas de ver la vida, sentir y adoptar actitudes. El doctor Stockmann es el prototipo del hombre de ciencia, idealista, progresista y optimista con el porvenir; mientras que Pedro, su hermano y cabeza visible de la autoridad, será el reverso al estar impregnado de ideas inmovilistas, caducas y un pragmatismo dañino. Una dicotomía que llegará a transformarse en un rastrero cainismo.
El balneario, cual manzana de la discordia, es el origen de una confrontación de poder, conciencias y dignidades. Se intentará tergiversar la realidad y desacreditar sus defensores para proteger el lucro y el interés de las altas esferas. Al igual que la célebre frase marxista, un fantasma recorre todo el pueblo: el descubrimiento de la verdad y el genuino interés social. Dos bandos surgen con diferentes fuerzas, valores y, obviamente, de número. Al solitario protagonista, el “enemigo” del pueblo, le van oponiendo toda clase de trabas, desde su propia esposa (en aras del bienestar familiar), las eminentes fuerzas públicas (la política, los propietarios, la burguesía, el periodismo), y llegando hasta la animadversión de todos los habitantes. La energía que posee para sostener una lucha titánica, es su fuerza de voluntad, la integridad y el verdadero sentido del bien común.
Desde esta posición desigual, se van desgranando, poco a poco, los corruptos cimientos de la sociedad. En un intento, tan utópico como bienintencionado, de reparar el mal y cumplir con su deber al denunciar esta caótica situación, soportará menosprecios, vejaciones, chantajes, y amenazas. El cenit del drama es el memorable y revelador acto cuarto. Tomás Stockman, obviando el tema de las aguas infectadas (tiene prohibido hablar de ello), expone el verdadero problema de todo: la putrefacción de la sociedad y el sistema que la gobierna. Denuncia la estulticia y la hipocresía de quienes ejercen el poder, el gregarismo de la mayoría y la falsedad del sufragio: la razón y la verdad no están siempre con el voluble pueblo o la descerebrada muchedumbre.
El ostracismo del último acto parece una alusión a la persecución tolerada por las grandes personalidades con ideas “subversivas” que tuvieron en contra a la opinión pública a pesar de estar en posesión de la razón; o como un símil del destierro del pueblo judío que tendrá su culminación en el futuro, incluso la familia del doctor tendrá su particular “noche de cristales rotos”.

― Fuente

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