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Crítica de MoradoraMadame bovary

Moradora

Real como la vida misma...

Esta novela es, sin duda alguna, uno de esos clásicos que merece ser reconocido como tal, no sólo porque es un clásico en el sentido temporal, sino porque es absolutamente genial en todos y cada uno de los aspectos.

La prosa de Flaubert es tan precisa y bella que bien podría decir que Madame Bovary es poesía no escrita en verso. Todos los recursos que utiliza, como las metáforas, las comparaciones o sus descripciones, hacen que esta novela sea, sencillamente, increíble y preciosa; independientemente de la forma en que está escrita, y ya os aviso que hay que leer para saber, lo que definitivamente me atrapó de Madame Bovary fue su protagonista, Emma.

Cuanto más leía más me identificaba con ella, y a diferencia de lo que la mayoría suele pensar (pues todos defienden más a su marido, el pobre Charles al que ella le es infiel en sus propias narices), a mí quien más lastima me daba era ella. También me compadecía de su marido, y es que es imposible no hacerlo, porque Charles es pura bondad con Emma y le entrega todo su amor, un amor dulce y tranquilo... pero Emma, día tras día, después de haberse casado con la esperanza de tener una vida más intensa (como la de las protagonistas de sus libros sentimentales), no hace más que quebrar su espíritu y darse cuenta de que, por mucho que ella lo quiera, esa vida nunca podrá ser para ella...

Y ahora diréis: ¿y por qué te da pena ella si has dicho que le pone los cuernos a Charles a pesar de que él la trata como a una princesa? Y yo os respondo: ¿y cómo no iba a hacerlo, si ella sólo quería que su vida fuera de cuento? Quería casarse y tener mil aventuras con un marido valiente y apuesto, tener una vida llena de sentimientos arrolladores, una vida desbordada de pasión como en sus libros, así que… ¿por qué eso no podía ser para ella? Pues porque son libros. Así de simple. Y eso me recuerda que a mí también me gustaría tener esa clase de vida, con todas esas aventuras y toda esa emoción, como los personajes de los libros que leo… y me doy cuenta de que no puedo culparla, porque entiendo a Emma más de lo que me gustaría. La única diferencia entre nosotras es que ella se va rompiendo a medida que sus sueños e ilusiones lo hacen, poco a poco va perdiendo su vitalidad y se deja caer en el profundo abismo de la tristeza, como dice en esta cita que me gusta mucho: "El amor, poco a poco, se fue apagando por la ausencia, la pena se ahogó por la costumbre; y aquel brillo de incendio que teñía de púrpura su cielo pálido fue llenándose de sombra y se borró gradualmente”. Yo, como la mayoría, por suerte o por desgracia, aprendí hace ya mucho tiempo que esas historias difícilmente se consiguen en el mundo real.

¿Por qué leer Madame Bovary? Porque como dijo Flaubert: “Madame Bovary soy yo”. Somos todos los lectores.


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