Usamos cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia y realizar tareas de analítica. Al continuar navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies

Crítica de FAUSTOHistorias de san petersburgo

FAUSTO

LA RISA QUE EMANA DE LAS AMARGAS PALABRAS

La obra se compone de 5 relatos que tienen como nexo común, y como indica el título, la ciudad de San Petersburgo.
Comienza con el sensacional “La avenida Nevski” con tres partes diferenciadas. La primera versa sobre la descripción de esta hermosa calle, una de las más reconocidas de Rusia, con una exposición que traspasa el paisaje urbano al detallar el torbellino humano que la frecuenta. La relación de personajes extravagantes y típicos que concurren por la avenida es una alegoría sobre la vida y la sociedad rusa de su tiempo. Este episodio descriptivo y didáctico ya contiene numerosas muestras de humor irónico. A continuación el narrador nos presenta dos amigos (cada uno es el foco de las otras dos partes) y narra sus respectivas historias de amor. Las aventuras amorosas se desarrollan como las dos caras de una misma moneda: ambos amigos tiene un carácter y una actitud totalmente opuestas; sus “amadas”, al igual que ellos, son dispares, tanto físicamente, inteligencia, naturaleza y condición social; los sentimientos son opuestos, desde el amor puro hasta la picaresca sensual; el tono narrativo es contrario en ambas tramas, por un lado un cariz trascendental y trágico, y por el otro con pinceladas rufianescas y jocosas.
Un texto que refleja la cotidiana realidad y, a la vez, tiene cabida sucesos oníricos con gran importancia sobre las apariencias engañosas.

El último cuento, “El capote”, es su más emblemático texto, no en vano Dostoievski llegó a expresar su famoso aforismo: “Todos venimos de El capote de Gogol”. Este escrito es el “pistoletazo de salida” que inicia el realismo ruso introduciendo la crítica social-gubernamental y el retrato del hombre vulgar y corriente. La influencia que ha suscitado en posteriores autores y tendencias es, para mí, más que evidente.

Es la tercera vez que me deleito con las desventuras de Akaki, y, por supuesto, no será la última. El literato hace un esbozo de un personaje gris, un burócrata, que tiene como adornos la insignificancia y su nulidad como ente social, incluso el significado de su nombre es un fiel paradigma de su nimiedad. La imagen patética de Akaki está expuesta con mucho humor, pero un humor amargo y lúgubre que incita a la lástima y nos provoca simpatía por el protagonista; un hombre que transmite la idea de un “insecto”, el antecedente kafkiano de George Samsa. Un funcionario que sólo disfruta con su trabajo rutinario y de escasa importancia, una cualidad que recuerda a las figuras obsesivas salidas de la pluma de Zweig. Su único objetivo es pasar desapercibido y tener el menor contacto con los demás compañeros, un “gemelo” de lo que será el memorable Bartleby de Herman Melville, y como éste, tiene su emblemática frase para dirigirse a sus compañeros cuando es objeto de bromas y burlas. Su recalcitrante pasividad soportará todo tipo de injusticias con la más implacable resignación.
El único hecho que trastoca sus monótonas costumbres, la adquisición de un capote, supone un quebradero de cabeza y, a la vez, será todo un acontecimiento que le cambiará la vida. El capote (personaje que ahora se convierte en principal, símbolo de un espejismo y una loca quimera) logrará una ruptura vital que acarrea una efímera gloria y el replanteamiento de su identidad. En su angustia existencial se mezclarán las visiones febriles y la certeza de que toda notoriedad y pomposidad sólo son trivialidades, un tema recurrente en todas estas narraciones.
El final, que rompe con el estilo anterior, gira hacia un tono más fantástico, irónico y con cierto grado moral y justiciero que deja, como broche de oro, una sonrisa al lector. Aunque no desentona este desenlace, ¡Dios me libre!, siempre me ha parecido que hubiera sido ideal que Gogol concluyese el relato con el mismo acento ácido, satírico y pesimista empleado desde el principio.

Un libro recomendable, especialmente por los tres primeros relatos referidos, donde sobresale “El capote”, una obra maestra que es esencial y necesaria su lectura y revisión.

― Fuente

Comentarios

Crítica sin comentarios


SUGERENCIAS