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Crítica de MayAbiattiMartin rivas

MayAbiatti

Martín es un joven de entre veintidós a veintitrés años que viene de provincia, específicamente de Coquimbo, a Santiago. Portando en su bolsillo una carta que va dirigida a don Dámaso Encina, un viejo amigo de su padre, quien acaba de fallecer.
Así es como empieza esta historia, y tal como se menciona, la carta, estaba escrita por puño y letra del difunto padre de Martín, donde expresaba su anhelo de que su único hijo varón estudiara para abogado, y así lograra sacar a su pequeña familia adelante —madre y hermana de Martín—, y para eso pedía la protección de don Dámaso, quien después de todos los favores que el señor Rivas padre le había hecho, no pudo negarse, por ende, le ofreció a Martín una de sus habitaciones, que en su casona le sobraban, y lo hospedó sin importarle la diferencia de clases sociales.
Para ese entonces, el mayor de los hijos Encina, Agustín, volvía de Francia, y con su mal aprendido francés, intentaba llamar la atención por doquier, siendo burla constante de su hermana Leonor, quien sí hablaba aquel idioma a la perfección. Ella, una persona altanera, orgullosa, hermosa a la vista de cualquiera, a quien los pretendientes no le faltaban, decía no conocer el amor.
Su madre, doña Engracia, solía estar todo el día acariciando a su perrita en las faldas, llamada Diamela, quien sufre de los arrebatos de ira de su dueña, que en varias ocasiones le ganan a la prudencia para dejar al pobre animal con más de un dolor.
Los otros hijos de doña Engracia con don Dámaso no son mencionados, pero se sabe que tienen.
La historia se desarrolla entre los años 1850 y 1851, con la llegada de Martín en julio. Para ese entonces, la capital de Chile —lugar donde se desarrolla toda la trama—, vivía una época en que un conjunto de personas se hacían llamar liberales, quienes estaban en contra de los abusos del gobierno, y las reuniones secretas para una posible rebelión, crecían entre las personas con agallas.
Don Dámaso juega un pequeño aporte en esta sociedad, porque él desea ser parte del gobierno y aconsejado por su cuñado, don Fidel Elías, y el amigo de éste, don Simón Arenal, se va por el lado de los pudientes, es decir, por la gente con recursos suficientes como para pertenecer a la clase alta. Pero, el patriarca de la familia Encina, siempre anda pendiente de los liberales, informándose leyendo los periódicos opositores.
Doña Francisca Encina de Elías, es una de las pocas mujeres cultas que aparecen en la historia, ya que suele leer bastante, y esto genera varias peleas, aunque pequeñas, con su marido, quien cada vez que ella opina algo, la manda a callar, ya que por lo general, su mujer, apoya a la oposición. A diferencia de doña Engracia, quien se preocupa solo de Diamela.
Matilde Elías es la hija de doña Francisca y don Fidel, prima y mejor amiga de Leonor, quienes se cuentan casi todo, y se encuentra enamorada de Rafael San Luis, pero su amor es desdichado, ya que su padre decidió comprometerla con otro, corriendo a San Luis de su casa e impidiéndole la entrada, todo gracias a don Dámaso, porque quedó pobre.
Éste, a su vez, cae en una profunda depresión, ya que realmente amaba y adoraba a Matilde por sobre todas las cosas, pero ella no fue capaz de luchar por su amor y él buscó el camino más fácil: la diversión nocturna y quién sabe, si una querida pudiera apaciguar sus sentimientos. Al poco tiempo de la llegada de Martín, se hacen muy buenos amigos, casi como hermanos, ambos confidentes y compañeros de escuela y, también, ideas políticas liberales.
Otros personajes importantes son la familia Molina, compuesta por la viuda de Molina, Doña Bernarda y sus tres hijos, Amador, Adelaida y Edelmira, ambas hijas con singular gracia y belleza, y el mayor un arribista de lo peor, que hará lo que sea necesario por tener dinero. Ellos pertenecen al mundo llamado gente de medio pelo, lo que hoy en día viene a formar parte de la clase media.
Todos ellos juegan un papel importante en cada uno de los hechos que van ocurriendo, que son relatados de tal manera por el autor, que da la impresión de estarlos viviendo junto con los personajes; la evolución que van sufriendo a lo largo de la historia, sobre todo en Leonor, se puede sentir a la perfección, dando ganas de no dejar el libro hasta acabarlo.
Martín también cae antes las redes de la belleza de Leonor, quedando enganchado a ella desde el primer momento en que la ve, llamando a su sentimiento amor sin esperanza, ya que un provinciano como él, que no tiene dinero ni posición, jamás podrá siquiera pensar, que una señorita como ella, con clase y caprichos, pudiera fijarse en él, y si eso llegara a suceder, no sería aceptado por la familia Encina, por el simple hecho que es pobre.
Dentro de todos estos problemas de amores y desamores, lo importante que ocurre, y une, a todos los personajes, es el contexto histórico en que está ambientado: la Revolución Liberal de 1851, en donde se dio vida a la Sociedad Literaria de 1842 y a la Sociedad de la Igualdad, siendo esta última mencionada varias veces en el libro.
Dos de los personajes principales se verán envueltos en la batalla contra el gobierno, en donde si no es por la traición, el bando liberal hubiera ganado. Algunas vidas se perderán, otras se darán cuenta de sus verdaderos sentimientos, la amistad se pondrá a prueba, al igual que la lealtad. Mientras que, por otro lado, una persona se sacrificará por amor.

Opinión personal
Hace algunos años atrás, mi mamá me dijo que leyera este libro, si bien nunca lo hice —no porque no quisiera, sino que no me quedaba tiempo entre libro y libro de lectura obligatoria del colegio—, ahora volvió a caer a mis manos y lo devoré, y no me arrepiento para nada, es un libro excelente.
Realmente una novela que se debe leer, donde se enseñan las costumbres de la época, reflejadas de tal manera que se viven y sienten. Cómo se celebraba el 18 y 19 de septiembre en esos años, que tan poco distaban de nuestra Independencia; cuáles eran los temas a hablar en las reuniones que se realizaban por las tardes; de qué se componían las fiestas en las casas de la gente no tan adinerada, donde se bailaba y cantaba la cueca y la zamacueca, mientras los enamorados intentaban cortejar a las niñas. Donde los fuegos artificiales aún no estaban prohibidos, y la tan conocida Alameda, no estaba congestionada de automóviles, sino de caballos y transeúntes, que salían del brazo a dar una vuelta por tan conocida avenida, para poder respirar aire puro y dejar de lado la casa por unos momentos; donde, el ahora llamado Parque O´Higgins (en honor a nuestro primer dictador y asesino), tenía por nombre Campo Marte.
Un libro que te hace recordar lo bello que era Chile.
Como un dato curioso, se dice que Martín Rivas estaba inspirado en Benjamín Vicuña Mackenna, en sus vivencias y aventuras siendo uno de los principales líderes de los revolucionarios, quien fue exiliado luego de aquella revuelta.


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