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Crítica de FAUSTOPastoral americana

FAUSTO

RÉQUIEM POR EL SUEÑO AMERICANO

Es la primera obra que leo del flamante ganador del Premio Príncipe de Asturias de las Letras, y mis expectativas no me han defraudado. Juzgando por esta novela es indudable la calidad literaria que fluye por el texto de Philip Roth, con un estilo admirable, riguroso y analítico, detentando magistrales fragmentos narrativos y de diálogo; aunque no es oro todo lo que reluce. “Pastoral americana” es un detallado análisis de la familia media americana, que está puesta en contraste con las evoluciones de la sociedad y la política de los EE UU, desde finales de la 2ª G. Mundial hasta la actualidad, siendo el momento clave las movilizaciones ciudadanas en contra de la Guerra del Vietnam.

Novela compuesta en tres partes con títulos (“El paraíso recordado”, “La caída” y “Paraíso perdido”) claramente evocadores de la obra de Milton; que, a su vez, están nuevamente divididos en tres episodios. Y continuando con el número “esotérico” del 3, con este relato comienza su trilogía americana.
El principio sirve de introducción al narrador y alter ego del propio escritor, Zuckerman, el cual tras una reunión de antiguos alumnos y el trato con “el Sueco”, el héroe local, empieza a rememorar el pasado. Es el pretexto de Zuckerman para intentar explicar en una novela imponente, en cuanto a conceptos y “aristas” temáticas, los sucesos del periódico histórico mencionado, y la vida modélica, a los ojos de los demás, de Seymour Levov, “el Sueco”.

Son retratados, con crudeza, el paradigma del sueño americano y el tradicional personaje popular compuesto de virtudes que encarna tal concepto. Levov, de condición humilde, judío, inteligente, responsable, perfeccionista, altruista, idealista y con maneras convencionales, consigue triunfar en la vida siendo el ejemplo y la envidia de la comunidad. Ha conquistado los objetivos que se ha propuesto: un excelente historial académico y deportivo (un ídolo del deporte); una belleza aspirante a Miss América, que a pesar de su catolicismo y las reticencias de las familias, ha conseguido hacerla su esposa, creando un hogar y una familia “a su medida”, lógicamente, como se espera de él; conseguir el respeto y la admiración por todos los que le conocen, ya sean familia, amigos o vecinos; progresar y enriquecerse con el negocio familiar, siempre desde su esfuerzo y tesón.

Ante esta felicidad “prefabricada”, un conflicto moral y de actitud con su hija sobre la Guerra del Vietnam hará de espoleta (en un sentido figurado y literal) en su vida ideal; la historia le ha dado un golpe imprevisto y a traición. Todo se desmoronará, desde sus más firmes convicciones hasta el mundo social, familiar, ético y de propósitos que, hasta ahora, había conocido. Desde su soledad, serán la culpa y su autocensura los fundamentos para esclarecer y buscar una explicación plausible a su situación. Cualquier intento de mantener la integridad y el orden anterior está abocado al fracaso. El convencionalismo es la raíz de su índole vital y, a la vez, la causa de ser víctima de la realidad. También su existencia sufrirá una transformación, y como la gente que conoce llevará una “máscara”.
Roth ha compuesto una colosal crítica sobre el derrumbe del pueblo norteamericano. Tras el equilibrio establecido de la 2ª G. Mundial germina el caos, con la rebeldía y el idealismo extremo de los años 60, y, más tarde, con la delincuencia y el envilecimiento de la vida en los años 80. Expone desde distintas perspectivas la caída y la evolución de la sociedad: la degradación creciente de la ciudad natal y sus gentes; la clásica unidad familiar con marcada autoridad patriarcal; las relaciones de pareja, el amor y la infidelidad; los problemas de la identidad y el judaísmo; las diferencias insuperables y la incomprensión entre las actuales generaciones: padres e hijos; los cambios producidos en política, patriotismo, religión, economía, educación y prejuicios raciales.

El escritor toma como origen y eje central este personaje, pero trasfiere protagonismo a todos los elementos esenciales que le vinculan: la hija (especialmente), el padre, esposa, hermano, etc., y nos hacen participes de su visión, criterio y posición particular ante las mismas situaciones que afronta “el Sueco”, dejando bien subrayadas las diferencias de opinión y postura existencial.

Para finalizar, quiero matizar la desigual brillantez de la prosa que aludí al comienzo de la reseña. En primer lugar, la lectura fue un inicio titubeante o “tartamudeante” (haciendo un guiño a la trama). Tardé varias páginas en coger el ritmo a la historia, y no por su dificultad, que no es excesiva, sino por la estructura argumental. No es una narración lineal, pues va saltando en el tiempo, espacio y de personajes, componiendo un grandioso mosaico. Este recurso puede despistar, aunque si logra cautivar la atención, ahí reside la grandeza y el acierto de esta crónica. A continuación, se le puede achacar la prolijidad en descripciones pormenorizadas que, si bien, algunas están justificadas hay otras que adolecen de redundancia, cortando la fluidez lectora. Es un “puzle” con varias piezas de más, con copiosas especificaciones culturales y características netamente norteamericanas para un lector que no sea natural de esas tierras. Parece obvio su premio Putlizer, tanto por su escritura como por la propiedad temática claramente estadounidense.


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