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Crítica de FAUSTOEl sabueso de los baskerville

FAUSTO

Este es el libro, según la mayoría de lectores y degustadores sherlockianos, mejor logrado y más estimado de la obra del genial e inmortal detective, y desde luego el más famoso. Es la 3ª ó 4ª vez que lo leo y, sin ningún lugar dudas, es el de mayor calidad literariamente hablando; aunque, personalmente puedo preferir algunas de sus aventuras, ya sea por la dificultad, originalidad o la resolución del misterio.

“El sabueso de los Baskerville” presenta algunas diferencias con el resto de la obra holmesiana. El inicio es similar con el “juego” de descubrir, mediante las huellas encontradas en un objeto cotidiano y vulgar, la personalidad de su dueño; donde el Dr. Watson intentará aplicar los métodos deductivos de su amigo, y con la acostumbrada superioridad y algo de burla, Sherlock desbaratará las conclusiones, primero con sagaces observaciones (Sherlock comenta: “El mundo está lleno de cosas evidentes, en las que nadie se fija ni por casualidad”), y más tarde aplicando su inteligencia para obtener las deducciones verdaderas.
A continuación comienza la exposición del caso, que mediante el análisis y la lógica aplicadas a las pistas y hechos, se hace una visión global del misterio haciéndolo más enigmático que al principio.
A partir de aquí, y en esta ocasión, el novelista introduce 2 novedades.

La primera variante es el ambiente tétrico, gótico, inquietante y de suspense (más que de terror) que flota en todo el relato. Una leyenda demoniaca con crímenes y crueldad, se convierte en una maldición para los Baskerville. Es un componente diabólico que incide en el misterio, el caso fluctúa entre el punto de vista sobrenatural o una posible voluntad humana.
El entorno escalofriante se completa con pinceladas “fantasmales” (ruidos, pasos sigilosos, aullidos, sollozos) de la mansión familiar; y por último un protagonista importante y principal de la trama: la localización espectral, brumosa y amenazadora del páramo, habitado por un ser infernal, ciénagas mortales, acantilados amenazantes, minas abandonadas, chozas prehistóricas, y la presencia de un criminal peligroso. Una atmósfera perfectamente conseguida, contribuyendo, en grado superior, en envolver adecuadamente la intriga.

La segunda variación es el considerable protagonismo que desempeña Watson respecto a Sherlock. El detective sólo tiene una presencia destacable al principio y final del relato. El doctor será quien lleve las riendas y nos guie entre los habitantes y los sucesos del páramo, intentando desenmarañar la madeja de los enigmas. Y debo confesar que, aunque parezca extraño, no se le echa de menos (no mucho) la figura de Holmes, pues la intriga de la narración está impecablemente construida, pulida y rematada.


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