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Crítica de FAUSTOEl problema de los Tres Cuerpos

FAUSTO

MÁS QUE CIENCIA-FICCIÓN

Realmente tenía ganas y curiosidad por leer, tras ver un programa literario televisivo (haberlos haylos), este libro, que después de un extraño periplo ha conseguido notoriedad de crítica y lectores. Publicado en 2006 fue un éxito en el país de publicación, China, ayudado por la gran popularidad que tiene ganada Cixin Liu (según el modo de escritura occidental, pues el original chino antepone primero el apellido). No obstante, no fue hasta el 2015 cuando alcanzó la fama mundial. Se cometió la osadía de traducirlo al inglés y ganar el prestigioso premio Hugo, algo inédito conseguir el galardón con un autor que no escribe la lengua de Shakespeare. Por suerte, y gracias a este “rebote”, este mismo año una editorial española lo ha publicado en castellano. Pues bien, mis expectativas se han visto colmadas en varios aspectos.

El tema principal, la argumentación de ciencia-ficción, no es original. Es más, ha sido tratado con profusión y riqueza de matices en numerosas ocasiones desde el siglo XIX hasta nuestros días (y cuerda tiene para rato) en literatura y cine. Ampliamente desarrollado en varias obras con abundante imaginación ante esta hipotética circunstancia, pero con visos de ser factible y verosímil en el futuro. Dentro de lo “trillado” de este leitmotiv, la novela de Liu es singular y su punto de vista es innovador, lógicamente juzgo con mi limitado bagaje en este tipo de literatura. Ante todo es mucho más que una historia típica de ciencia-ficción, pues engloba variopintos contenidos y se mezcla a la perfección con otros géneros narrativos.

El libro dividido en 3 partes desiguales, se inicia con un breve pero intenso preámbulo en forma de relato histórico. El autor nos sitúa en plena efervescencia del fanatismo de la Revolución Cultural que sufrió China a mediados de los 60. Un conciso pasaje vital descrito con pericia (se echa en falta más páginas sobre esta excelente semblanza) que cumple con el objetivo de presentar el germen y la más temprana biografía de uno de los principales personajes: la astrofísica Ye; y, además, constatar una dura crítica social y política de esa aciaga época.

La segunda y tercera parte transcurre 38 años después, en la actualidad (alrededor de 2005) siendo el principal personaje otro científico dedicado a la nanotecnología. Con este protagonista se suma el género policial y de intriga (o thriller para los que prefieran la voz anglosajona). Wang se implica en una trama enigmática de una serie de suicidios misteriosos entre la comunidad científica y algún que otro asesinato. El relato además se impregna con momentos angustiosos y de vértigo (quizá sea excesivo emplear el término terror) como el detalle narrativo de “la cuenta atrás” que sólo puede ver este reputado técnico.
En esta etapa vuelve a surgir otra vez la incisiva crítica, pero actualizada a la realidad contemporánea. Se analizan los estamentos del poder: política, policía, ciencia o las fuerzas militares. No obstante, el más despiadado juicio reside en la sociedad: esa denominada naturaleza que nos califica como humanos con sus retorcidas actitudes morales. Interesantes las materias y tesis que se plantean: el progreso tecnológico, el deterioro provocado por la Humanidad; el discernimiento de los misterios del Universo; la destrucción de la Naturaleza; el ecologismo radical; la irracionalidad del poder y la ambición; e incluso se toca tangencialmente el feminismo.
A destacar las diferentes posturas tomadas frente al conocimiento del extraordinario suceso. Un conocimiento que sólo lo poseen unos determinados individuos (especialmente entre la élite intelectual y económica) que deriva en varias facciones o “bandos” de lo más sorprendente; aunque, tras pensarlo fríamente, no resulta tan asombroso ni descabellado y seguramente tendrá dudas cada lector (desde luego si las tiene un servidor) con qué grupo se sentirá identificado. Una distopía social que resulta sugestiva, inquietante y… ¿probable?
Como ocurre con las muñecas matrioskas, dentro de la novela hay unas pequeñas narraciones que podrían considerarse como parábolas. Se trata de las experiencias del científico Wang con el videojuego virtual llamado “Los tres cuerpos”. Unos pequeños relatos simbólicos que recrean algunos momentos históricos tamizados por el surrealismo o lo onírico, y que tiene la finalidad de resolver determinados problemas de un insólito planeta. Unos “cuentos” que se van apreciando conforme pasan las páginas y que representa una “pieza del puzle” crucial.

Hablando estrictamente de ciencia-ficción, “El problema de los tres cuerpos” pertenece al subgénero ciencia-ficción dura. El mismo título hace referencia a un intrincado problema matemático-físico. Por todo el texto hay numerosas referencias científicas, tanto dedicadas al microcosmos (mecánica cuántica) y al macrocosmos. Son detalladas, pero no pecan de un exceso de erudición o enrevesamiento. Las explicaciones son acertadas, didácticas y asimilables, sobre todo para quien tenga ya una cierta base científica y le gusten estos temas. Aunque reconozco que algunas de las últimas partes, al tratarse de teorías científicas más especulativas y futuristas, es más difícil interpretar el concepto.

Aparte de lo ya descrito: la estructura y el fondo, es primordial mencionar la forma, o sea el estilo literario, para cimentar las virtudes de la lectura. Liu escribe de un modo funcional, atrayente y absorbente que se ajusta a la perfección con el soporte argumental. Hay pocos detalles líricos, barrocos o rebuscados, “simplemente” la palabra acompaña la acción, el diálogo, la divulgación y las ideas que quiere transmitir.

Con el primer tomo de la trilogía, este autor chino ha plantado la prometedora semilla de una gran obra. Los sucesivos volúmenes se presume que deben ser bastante diferentes del primero, pues debe llevarnos (eso creo) a unos personajes distintos con una situación de la Tierra y sociedad muy transformada, ya que el tiempo transcurrido habrá sobrepasado con creces los 4 siglos.


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