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Crítica de FAUSTOSin novedad en el frente

FAUSTO

TIERRA DE NADIE

Suele suceder, con cierta frecuencia, que un texto posee la facultad de entusiasmar y dejar, asimismo, un poso amargo de hiel ante la crudeza del relato. El placer de la lectura está ligado de forma indisoluble con el sobrecogimiento que produce.
Remarque, literato alemán que participó en la contienda, no tuvo escrúpulos para representar en este libro sus experiencias. Narrado con cierta maestría y pericia pero con contundencia, reflexión, sencillez, agilidad y eficacia. Otra de sus características, y fundamental, es la habilidad de mostrar escenas espeluznantes sin caer en la truculencia, no se ensaña en descripciones dantescas y tampoco “hurga en la herida” (literal y metafóricamente) para señalar determinadas situaciones. Este testimonio no se puede tildar de monocorde al tratar únicamente de hechos violentos y brutales, ya que diseminados por toda la narración se evidencian rasgos positivos (humor, bromas, amistad, solidaridad, amor) y pasión por la vida, creando una obra, en su totalidad, antibelicista pero con gran realismo y autenticidad sin caer en sentimentalismos; simplemente la cruda verdad.
Con una estructura no lineal el escritor, con destreza, ha ido tocando todos los palos del proceso de creación, formación, transformación y desolación de un soldado en una guerra y, además, sufriendo por casi todas las posibles vicisitudes que le pueden ocurrir. Escrito en primera persona por Paul Baumer (trasunto evidente de Remarque), vemos y sentimos a través de sus ojos y pensamientos, donde sus acciones y cavilaciones son la líneas maestras para poder entender nuestra historia contemporánea y, por extensión, profundizar en el alma humana.

Paul, un joven de 19 años (en realidad un niño) y con mirada inocente al principio para pasar posteriormente a una postura crítica y cayendo en la desesperanza y en la angustia, nos detalla su periplo personal. La odisea infernal empieza en el colegio donde la juventud unida a conceptos rimbombantes como Honor, Valor, Patriotismo, Justicia, Dios, Nación, Gobierno crean un estado falso de euforia y superioridad; unas palabras tan grandilocuentes y tan huecas que el tiempo las pondrá en su sitio: en “tierra de nadie”.
A continuación sigue el periodo de instrucción, una fase donde la disciplina, la humillación y el abuso de autoridad están al servicio de despojar cualquier atisbo de personalidad del recluta. El objetivo es crear “personas” duras, desconfiadas, vengativas…, en una palabra: embrutecer, una cualidad necesaria para sobrevivir en el campo de batalla.
La trama se vuelve más atroz, lógicamente, en la descripción del día a día de las trincheras: la cohabitación ineludible con la muerte y la acción de matar. Una crónica del horror (la expresión ambigua del coronel Kurtz creado por Conrad, se hace ahora patente) hasta límites inimaginables, es la convivencia permanente con el hambre, el miedo, el dolor, la locura y las eternas compañías de piojos, ratas, excrementos y cadáveres. Principios como la educación, la cultura, la intimidad no tienen cabida, todo está a expensas de la supervivencia y del impredecible azar: “todo soldado tiene fe y confianza en el azar.”
Igualmente son destacables en el texto otros periodos menos agresivos, como el permiso para regresar temporalmente a casa, donde se manifiesta la añoranza familiar, el desconocimiento de los civiles de la situación real de la guerra y la ruptura total con los sueños y la esperanza del pasado, en unos años la juventud y la ilusión se han ajado.
La hospitalización supone otro punto de vista, no menos despiadado, de los estragos de la guerra.

Es inevitable, y necesario, mencionar la gran adaptación, lineal y cronológica, homónima que filmó Lewis Milestone (más tarde rodó la célebre “Arco de triunfo”, basada en un texto de Remarque) en 1930 y que obtuvo sendos Oscar como mejor película y director. Siendo el libro un autentico best-seller en su época, aunque prohibido en el régimen nazi, este clásico del cine bélico (emotiva secuencia final) ayudó a difundir por todo el mundo el escrito de Remarque. También es digna de mención la versión realizada para la televisión en 1979, con una traslación más fiel al esquema de la novela, donde destaca el siempre magnifico Ernest Borgine.


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