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Vida. Memorias de Keith Richards

Asombrando a propios y extraños, Keith Richards ha escrito sus memorias: asombro porque ha podido (ya que a estas alturas nadie sospechaba que iba a conservar la vida o la lucidez suficiente para empuñar el teclado) y asombro porque ha querido (ya que los entes satánicos no suelen acudir al confesionario). El crítico Nick K ent compendia así su imagen en los años setenta: «Era el gran lord Byron; era un demente, era un depravado y era peligroso conocerlo». El aludido disiente con irónica sonrisa, otros insisten, y este libro viene a aclarar posibles malentendidos. Porque aquí se disipan varias nieblas (transfusiones, efusiones, agresiones, etc.) y se presentan finalmente los hechos que el foco de la leyenda había nublado: el uso y abuso de sustancias tonificantes o estupefacientes no adquiridas en farmacias; las variadas discrepancias con autoridades más o menos sanitarias; los encuentros, desencuentros y encontronazos con gendarmes de diferentes países; la empedernida coalición con Mick Jagger; los intermitentes, y a menudo explosivos, contubernios con personajes como Dylan, Lennon, Clapton, McCartney, Marley, Berry o Bowie, por citar a algunos de los más ruidosos; las afinidades electivas con sujetos de mucha cara o siniestra catadura; los amoríos pasajeros, las semanas de pasión y los dos amores contumaces (Anita Pallenberg y Patti Hansen); las extenuantes sesiones de grabación; la apacible vida rural en una mansión de Connecticut franqueados los umbrales de la senectud (aunque no de la madurez si consideramos las penúltimas inhalaciones); los cuentos contados por idiotas... Pero al final, más allá del ruido y la furia (que, como es de rigor, nada significan) emerge la música de los Rolling Stones, esa incesante banda sonora que acompaña nuestras convulsiones desde hace casi medio siglo.
  • ISBN 9788499420806
  • Nº PÁGS 516
  • AÑO 2010
  • EDITORIAL Península

Citas de Vida. Memorias de Keith Richards

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Críticas para este libro

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Vasko

Lo que prometía ser una autobiografía llena de momentos épicos acabó siendo para mi un autorretrato patético donde él señor Richards se deja en evidencia como un mamarracho irresponsable en todos los sentidos.
Entre los seguidores de los Stones siempre se culpó a MIck Jagger de convertir a la banda en empresa (como si eso fuera algo malo) y centrarse en las cuentas y el negocio, convirtiendo así a Keith Richars en la esencia de la banda, el músico íntegro y autentico que se ganó la simpatía del olimpo rockero con su eterno "cuelgue".
Pues bien, todo mentira. El señor Richards queda a la altura del betún, publicándose él mismo una autobiografía donde queda claro que fue Jagger quien tiraba del carro mientras él se pasaba la vida de colocón en colocón.
Vida es una muestra de que no se debería mitificar, idolatrar ni encumbrar al status de "grandes estrellas" a personajes llenos de miserias, como es el caso del sr. Richards, cuya mayor miseria es su inmenso ego.
Y como nota aclaratoria, decir que me encantan lo Stones. Mejor dicho, me encanta su música hasta finales de los 70, pero no me gustan los divos endiosados. Después de leer estas memorias, tengo más clara aún la diferencia entre la música y el músico.


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