Usamos cookies propias y de terceros para mejorar tu experiencia y realizar tareas de analítica. Al continuar navegando entendemos que aceptas nuestra política de cookies

Crítica de ThabithaCriadas y señoras

Thabitha

Criadas y señoras, escrita por Kathryn Stockett, está ambientada en el Mississippi de 1962, en un pequeño pueblo llamado Jackson. Aquí vive Skeeter que acaba de volver a casa tras terminar sus estudios en la universidad de Mississippi. Su deseo es ser escritora, rompiendo así con la tradición del pueblo donde las mujeres se casan y se dedican a sus ‘quehaceres’. Con la ayuda de las criadas del pueblo, Skeeter comenzará un libro clandestino que cambiará el curso de la historia.

En una época en la que el movimiento por los derechos civiles en EE.UU. está en pleno apogeo, Jackson es un pueblo en el que la segregación racial se mantiene como si la evolución se hubiera detenido. Los negros sirven a los blancos, no tienen acceso a las bibliotecas, las escuelas y los hospitales se separan por colores y los blancos no pueden utilizar los mismos retretes que los negros. En este entorno Skeeter jugará un papel fundamental en la lucha por los derechos civiles.

Aibeleen es una criada negra de 54 años. Trabaja en la casa de Miss Leefolt y cuida de la pequeña Mae Mobley, hija de Miss Leefolt. Aibeleen ha cambiado muchas veces de trabajo, siempre cuando los niños crecen y se empiezan a comportar como sus padres. Es la principal luchadora por el cambio social en esta novela. Sabe perfectamente que, si no comienzas el cambio desde abajo, desde la educación de las futuras generaciones, no sirve de nada. Ella se dedica a educar a los hijos de los blancos enseñándoles los valores de respeto e igualdad. Siempre con la esperanza de que alguna de sus enseñanzas cale en los bebés que cuida, y lograr así un cambio futuro.

Skeeter persigue el cambio pero como consecuencia de su éxito. Ella comienza a escribir el libro con el objetivo de llamar la atención de la editora y que así le publique. A raíz de ahí descubrirá todo lo que se esconde detrás esas personas de color que sirven en las casas de sus amigas, de su madre y de toda la gente que le rodea.

Uno de los diálogos, en mi opinión, más importantes de la novela es el de Aibeleen con su amiga Minnie, en el que explica cómo no hay barreras, sino que las barreras las creamos nosotros mismos. Esto se puede aplicar tanto a las relaciones entre blancos y negros, como a las de ricos y pobre o mujeres y hombres. No solo se habla de segregación racial, sino también de las discriminaciones entre clases sociales o la violencia machista.

Actualmente aún queda algo de Jackson en nuestra sociedad. Las discriminaciones siguen existiendo, bien por raza, religión, clase social, sexo… Sigue existiendo temor a hablar, protestar, exigir nuestros derechos, por miedo a perder nuestro trabajo o no poder encontrar otro. De la misma manera que les sucede a muchas de las criadas de la novela.

La obra no tiene un gran valor literario ya que utiliza un lenguaje muy básico y los personajes resultan algo planos Pero resulta una novela sencilla, de fácil lectura y cuya trama engancha desde el primer capítulo.

"—Lo que oyes. Estás hablando de cosas que en realidá no existen.

Muevo la cabeza delante de mi amiga.

—Por supuesto que existen las barreras, y además sabes tan bien como yo ande están.

Aibileen niega con un gesto.
—Antes creía en ellas, pero ya no. Sólo existen en nuestras cabezas. Hay gente, como Miss Hilly, empeña en convencernos de que están ahí, pero no es verdá.
—Sí que existen, porque si las cruzas te castigan —protesto—. Por lo menos, a mí me pasa.
—Sabes que muchas mujeres creen que si le respondes al maño [marido], estás cruzando las barreras y por eso mereces que te pegue. ¿Tú piensas así?
Bajo la mirada a la mesa y respondo:
—Sabes que pa mí no se aplica esa barrera.
—¡Porque no existe! Sólo está en la cabeza de Leroy. Y las barreras entre blancos y negros tampoco existen. Se las inventaron hace mucho tiempo. Y también las que separan a las señoritas bien y a la gente de clase baja.
Pienso en cómo salió Miss Celia al jardín, atizador en mano, cuando podía haberse escondido detrás de la puerta. No sé, siento una punzada. Me gustaría que entendiera cómo son las cosas con Miss Hilly. Pero ¿cómo explicárselo a una tonta como ella?
—Entonces, pa ti, ¿tampoco hay barreras entre la criada y la señora?
Aibileen menea la cabeza.
—No son más que posiciones, como en un tablero de ajearé. Quién trabaja pa quién no significa na."


Comentarios

Crítica sin comentarios


SUGERENCIAS