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Crítica de MarrisonA sangre fría

Marrison

El escrito, que en sí mismo es una narración periodística bastante objetiva -dentro de los límites en que se puede ser objetivo hablando de sentimientos y sensaciones- se trata de una reconstrucción, no sólo del crimen, sino de los últimos días de vida de los cuatro miembros de esta infortunada familia. Los testimonios de sus vecinos, amigos y asesinos, se convierten en la clave que consigue otorgar una clara visión de cada suceso que Truman fue descubriendo poco a poco con el paso de los años.

‘A Sangre Fría’, entonces, no se presenta como una narración indignada de una muerte aterradora, tampoco pretende juzgar y condenar a los dos responsables de este hecho. En cambio realiza una completa humanización de sus personajes, exponiendo página tras página la realidad de que todos los seres humanos tenemos nuestras razones o motivaciones para actuar de cierta forma. Capote tampoco intenta justificar el acto que acabó con la vida de los Clutter, pero si procura hacer entender que para bien o para mal, cada acción realizada por los asesinos fue el resultado de un largo camino recorrido, de una trágica existencia que los condujo a tal punto.

No es raro que precisamente Truman Capote haya decidido indagar en el pasado de sus personajes y encontrar los resquicios de una historia repleta de desgracias y sufrimientos. Este autor conocía más que nadie lo que era la desesperación y el dolor, pues desde su infancia siempre se sintió aislado, primero por sus padres y luego por una sociedad que juzgaba altamente tres de las cuatro características con las que él mismo se definía: “Soy alcohólico, soy drogadicto, soy homosexual”.

Es así como más que el relato de un crimen, ‘A Sangre Fría’ es una sutil invitación para entender que los factores sociales son determinantes en la construcción de seres humanos, para dejar de juzgar desde afuera y tratar de comprender los sentimientos más recónditos que motivan una acción. En conclusión se trata de una obra que no deja indiferente a quien se atreve a leerla, a conocer la historia que narra aquella muerte, cuya mayor característica es que era innecesaria y absurda.

Truman logró, con creces, aclarar que la realidad definitivamente es más llamativa que la ficción y ¿por qué no? Más aterradora. De paso, también consiguió demostrarle al mundo entero que su cuarta característica era aún más importante que las primeras tres: “Soy alcohólico, soy drogadicto, soy homosexual… y soy un genio”. Absolutamente.

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