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Crítica de GlezLa fotografía

Glez

Un hombre de edad madura descubre una vieja fotografía de su mujer, Kath, muerta años atrás, en la que la cámara ha captado sin querer sus manos entrelazadas con las de otro hombre. Su búsqueda de una posible infidelidad hará que afloren los recuerdos de los que se cruzaron con ella.
A través de los personajes, de su voz y su memoria, la imagen fragmentada de la Kath desconocida irá completándose al encajar las piezas del puzle. Pero, además, estas incursiones en la memoria servirán a los personajes para conocerse a sí mismos y hacer revisión de sus propias vidas.
En resumen, se trata de personajes fuertes e independientes, que han llegado a tener exitosas y modernas profesiones que acaparan su tiempo y su atención (diseñadores de páginas web, diseñadores de jardines, historiadores de paisajes) y que les proporcionan una posición económica más que desahogada. Frente a ellos, los personajes débiles, los que hubieran necesitado parte de esa atención, sin una ocupación estable y que deambulan de proyecto en proyecto: Kath, pero también Nick, el cuñado.
Lo que en las primeras páginas nos auguraba una novela sencilla, sobre infidelidades o algo parecido, se nos va convirtiendo en una novela de personajes y de sus relaciones, de cómo se perciben y luego son realmente, en un esbozo de la vida.
Y una trama que engancha, aún sin recurrir demasiado a la tensión argumental.


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