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Crítica de FAUSTOCampos de castilla

FAUSTO

Reproduciendo uno de sus más célebres frases: “se hace camino al andar”, el trayecto poético y vital (o destino) de Antonio Machado está vinculado con unas “prosaicas” oposiciones que le encaminaron a los parajes castellanos, a Soria; tierras que le marcaron definitivamente en cruciales aspectos: su sentir, el paisaje árido pero arrebatador, el hallazgo del amor ideal (puro e infantil), la felicidad, y el dolor amargo de la pérdida y la muerte. Así se describe en su exquisito poema “Retrato”, su infancia: “son recuerdos de una patio de Sevilla y un huerto claro donde madura el limonero”, y su juventud: “veinte años en tierra de Castilla; mi historia, algunos casos que recordar no quiero”.
“Se canta lo que se pierde”, así reza un precioso y triste verso que supone un breve y fugaz sentimiento del poeta, pero, a la vez, muy acertado y esclarecedor para explicar su sensibilidad junto con sus experiencias vitales.

En este pequeño volumen, no llega a 130 páginas, supone una antología de la obra lírica del menor de los hermanos Machado, donde, además de la belleza del texto, se puede vislumbrar, como si fueran huellas palpables, la evolución personal, lírica y filosófica del rapsoda. Los expertos y críticos dictaminan la influencia del modernismo de su amigo Rubén Darío y el simbolismo e impresionismo francés (incluso se le incluye entre los miembros del 98 por su compromiso con el problema de España); sin embargo, y a pesar de estos encasillamientos, ha conseguido plasmar su sello personal e intimista a su poesía. Es fácil descubrir su gusto por lo local, el folclore, lo cotidiano, el paisaje y el amor por la naturaleza, y la preocupación por España. A priori, estos factores presuponen una obra circunscrita en un mundo personal y limitado, ajeno a todo lo que rebase a esos “limites”; sin embargo, su poesía es universal que bebe de los temas atemporales: amor, recuerdos, deseos, Dios, el pasar del tiempo, la muerte, etc. Machado escribe con el corazón (como cualquier poeta que se precie no elige los temas sino la experiencia es su guía), una sensibilidad que engloba a cualquier ser humano. Tan íntimo y subjetivo como genérico y universal.

“Soledades, galerías y otros poemas”, uno de sus primeros libros, con un estilo simbolista (alegorías en los paisajes, el Duero, los árboles, los caminos, el mar, etc.) e íntimo, tiene varias referencias a los recuerdos y lugares andaluces de su niñez. Como indica el título, es una sucesión de imágenes de la añoranza, la tristeza, la soledad y la inevitable muerte; así también del amor, las alegrías y las penas infantiles, los anhelos, lo efímero del momento, el hastío, la monotonía…, y en alguna ocasión, insólitamente, hace incursión en el humor que da un enfoque diferente a versos con toques de languidez y evocación pueril, siendo un excelente ejemplo su poema “Las moscas”.

“Campos de Castilla”, su más célebre creación, está considera una obra fundamental dentro del género poético. Son esenciales los paisajes castellanos que, lejos de la exaltación, reflejan su aridez, frialdad y dureza, adjetivos acordes con el hombre austero que habita y trabaja tales tierras. No deja de reseñar el pasado glorioso de la comarca dejando patente el contraste con la miseria presente. El Duero es un testigo tan impasible como elocuente de esta Castilla histórica y decadente. Además de las descripciones, tan elegantes como profundas, se apuntan temas que he mencionado antes, con un especial énfasis sobre la esperanza, el amor y la muerte. Machado posee la sabiduría de armonizar conceptos antagónicos: lo rural y lo filosófico.
Este poemario, dedicado a su musa, fijará un antes y después en su producción. Fue publicado en 1912, sólo unos días antes de la trágica muerte de Leonor, su sublime pasión. Hecho que también conmocionó su forma de escribir: la melancolía y la angustia le convirtió en un poeta elegíaco.

Las poesías de los siguientes años, acentuadas por el pesimismo, siguen tratando las tesis de antaño e incorporando el énfasis crítico (que siempre ha tenido) sobre la realidad de España: desde la inquietud sobre la educación (gran entusiasta de la Institución Libre de Enseñanza), la política y la Guerra Civil (republicano convencido). Son relevantes las composiciones inspiradas en Guiomar, seudónimo que esconde su último e imposible amor, que renuevan su vertiente más apasionada.
Muere en el exilio, en 1939, y como dicen unos de los variados versos dedicados al “último viaje”: “Yo, para todo viaje…/ voy ligero de equipaje.”
No obstante, dentro de este exiguo equipaje se encontró un último verso: “Estos días azules y este sol de infancia”.


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