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Crítica de GlezTres vidas chinas

Glez

Son tres relatos que transcurren en la ficticia isla de Nobleza. A esta isla, de bello nombre, van a parar todos los desechos eléctricos y electrónicos de China: ordenadores, televisores, neveras... El paisaje que se nos describe está formado por montañas de estos desechos y enormes contenedores, donde sus más pobres habitantes extraen el mercurio, alumnio, zinc, cobre, plomo, plata, etc, contaminantes de cerebros, cuerpos y vidas.

Con una sencillez en la escritura, es capaz sin embargo de impresionarnos con las imágenes que transmite, de gran fuerza metafórica, imágenes terribles que perturban e incomodan. Cada historia nos presenta un final que fluctúa entre el drama y el terror. En cada una, el arte representado por unos toques de tambor, unos movimientos de patinaje artístico, unos poemas, pueden alejar a unos jóvenes sin nombre (Sobrino, Patinadora, Hijo Menor) de las vidas trágicas, absurdas, míseras, subyugadas, de los adultos que les rodean.

Para mí ha sido como contemplar tres dibujos o fotografías que me atraen por su sencillez y ¿belleza?, al mismo tiempo que me dejan tocada por su crudeza o su significado.


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