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Crítica de GlezNo tengo miedo

Glez

Contar el argumento significaría desvelar demasiado de la obra. Si acaso, puede decirse cómo empieza: un pueblo de cuatro casas en el sur de Italia, finales de los 70, es verano y no hay colegio, unos niños juegan a hacer carreras en bici por los campos de trigo y llegan a una casa escondida y abandonada… Lo que uno de ellos encuentra allí es el resto de la historia.
La narración se hace desde el punto de vista de un niño, Michele, que se encuentra con un hecho aterrador al que se enfrenta como lo haría un niño. Se lee como un cuento, por el lenguaje sencillo y el misterio, pero es un cuento duro, cruel.
Mientras la leía (me duró dos tardes por el lenguaje fluido y porque la historia engancha), me recordó a dos novelas muy conocidas: una es “Tom Sawyer”; la otra es más reciente y no puedo decirla porque tiene que ver sobre todo con el final.
Me ha gustado, ha sido un interesante descubrimiento.


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