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Crítica de DWNicholsUna luz en la ventana

DWNichols

¡Por fin! ¡Sí! Por fin una novela histórica enmarcada en la Edad Media que es realmente fiel a la época, algo mucho más difícil de encontrar de lo que puede parecer.

En “Una luz en la ventana” te introduces en una Edad Media bastante oscura y real, donde el ser humano poco valor tiene, y menos si es mujer y además, ciega. Es un lugar en el que los siervos sufren las injusticias de los señores, donde las mujeres son un objeto de intercambio y son casadas cuando aún son niñas.

Cada vez que me encuentro con una de éstas novelas en que la protagonista es ya una mujer adulta pero soltera, casi me da la risa. Acepto las excusas que ponen las autoras para justificar esa soltería, pero lo cierto es que, en aquella época, poco podían hacer para evitar ser casadas a la fuerza, pues ni su consentimiento era requerido, sobre todo teniendo en cuenta que, a la primera señal que eran fértiles, ya se las consideraba aptas para parir y ¿qué puede hacer una niña contra eso?

Un claro ejemplo presentado en la novela, es la joven esposa de Theobald, el padrastro de nuestra protagonista, un ser mezquino y cobarde. Aunque esta muchacha apenas aparece, es a través de ella que vemos claramente cuál solía ser el destino de una niña-mujer en esa época en que la esperanza de vida a duras penas sobrepasaba los treinta años. Y bien claro queda cuando Dudley, el hermano de Saura que está en un monasterio estudiando para incorporarse al sacerdocio, expresa con estas palabras qué se esperaba de una mujer y cómo debían ser tratadas:

“La Madre Iglesia nos enseña muchas cosas acerca de las mujeres. Son las descendientes de Eva, todas tentadoras, y por su pecado deben someterse a sus padres y después a sus maridos. Son frívolas y ligeras de cascos, y es el deber del marido disciplinar a su esposa. Una esposa indisciplinada es una que gobierna la casa en detrimento de todos. A las mujeres no se las debe golpear con demasiado vigor, ni con una vara más gruesa que el pulgar de un hombre.”

Palabras fuertes para hoy en día. Y suficiente rollazo el que he soltado para un post, así que pasemos a hablar de lo realmente importante en la novela: la historia entre Saura y William.

Ambos me han enamorado sin remedio.

Saura es una muchacha de 19 años, ciega, huérfana, que está a cargo de un padrastro zafio, cobarde y mezquino. Es una mujer fuerte, que ha aprendido a valerse por sí misma a pesar de su ceguera, y es la castellana de la fortaleza, haciéndose cargo de todo sin ningún problema. Pero ese hombre le ha repetido tantas veces la misma cantinela, que no es buena para nada, una inútil sin ningún valor, que ha llegado a creérselo. Por eso, cuando lord Peter le pide ayuda para su hijo William, ve una oportunidad no sólo para huir de un castillo en el que se siente atrapada, sino de ser útil.

William era un guerrero feroz y habilidoso, diestro con las armas y de mente ágil y astuta, hasta que un golpe en la cabeza, producido durante una refriega, lo deja ciego. En ese momento, la desesperación y la autocompasión se adueñan de él, y sólo una mujer con el temperamento de Saura puede sacarlo del pozo en el que ha caído.

La primera parte de la novela transcurre con un William ciego creyendo que Saura es una matrona entrada en años que ha ido hasta allí para hacerse cargo del gobierno del castillo. No le han dicho quién es ella en realidad, y que sufre el mismo problema que él, por eso su actitud hacia ella es de total rechazo cada vez que lo atormenta con sus palabras, dichas con el único motivo de obligarlo a enfrentarse a la realidad y a dejar de lado su estado lamentable para volver a ser él mismo. Las duras palabras que Saura le dirige una y otra vez, las airadas contestaciones de William, y el rápido ingenio de ambos los va acercando poco a poco. Y es la testarudez de ella que consigue sacarlo de su ensimismamiento.

Y entonces empiezan los problemas, pues hay alguien que quiere ver muerto a William, alguien cercano a él que está tramando una compleja red de traiciones y emboscadas para acabar con su vida.

No voy a contar lo que ocurre después, excepto que William recupera la visión hacia el primer tercio de la novela, algo que en cierta forma me defraudó a pesar de esperarlo, pero que acabas comprendiendo que es fundamental para que Saura consiga salir del caparazón en el que ha estado escondida toda su vida.

William es el primero en darse cuenta que está enamorado de Saura. La forma en que poco a poco, a lo largo de las páginas, consigue que ella vaya abriéndole su corazón a pesar del miedo que siente a confiar en él, es absolutamente conmovedor. Ver a ese hombre, grande y fiero, pelear consigo mismo y sufrir con cada doloroso rechazo recibido, hace que lo veamos con una ternura infinita. Y esta muchacha, que es tan fuerte y decidida en algunos aspectos, pero tan cobarde y asustadiza en cuestiones del corazón, y que se niega rotundamente a aceptar lo que siente.

Toda la novela es fantástica, desde las descripciones de usos y costumbres, hasta la evolución de los personajes, pasando por lo mejor de todo: los diálogos, llenos de vida e ingenio.

No hay escoceses, pero os aseguro que este William os encantará.

― Fuente

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