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Crítica de DWNicholsQuédate en mi vida

DWNichols

Para que una novela romántica histórica me guste, ha de cumplir ciertos requisitos, entre los cuales se encuentran: una buena ambientación acorde con la época en que transcurre, rigurosidad histórica, y unos protagonistas que, aunque a primera vista puedan tener tintes arquetípicos, al profundizar veamos en ellos mucho más de lo que aparentan. Me cansan las sumisas perfectas y virginales, y los libertinos aburridos y hastiados de todo, si no me ofrecen nada más allá de eso. Por eso, “Quédate en mi vida” me ha entusiasmado.

John Sinclair, vizconde de Lisle, es un hombre aparentemente frío y nada dado a las demostraciones emotivas, aunque pronto nos damos cuenta que esa actitud no es más que una fachada. Lleva años sin pisar Hertwood Manor, su propiedad en Sussex, pero se ve obligado a regresar a la muerte de su madre. Allí, conoce a la viuda Anna Hurst, una mujer de carácter pero resignada a la monotonía y la falta de alegrías en su vida, que lo “asalta” figuradamente para conseguir que financie la escuela dominical en la que da clases a los hijos de los campesinos y para que se haga cargo de dos huérfanos, hijos de uno de sus arrendatarios, que había muerto en un accidente ocasionado por el mal estado de conservación del granero comunal, algo de lo que lo hacía directamente responsable.

Anna no tiene muy buena opinión de John debido a su ausencia y falta de interés por sus propiedades y las personas que dependen de él, y John piensa de ella que es una entrometida, una viuda aburrida sin nada que hacer que ha decidido ocupar su tiempo en molestarlo con absurdas imposiciones morales.

Pero gracias a la insistencia de Anna, John empieza a darse cuenta que la propiedad no está debidamente cuidada, y que el señor Hubbard, el administrador, ha sido negligente en muchas cuestiones.

Antagonistas redomados al principio, las pullas y desaires que se lanzan no son más que una manera de ocultarse a sí mismos que se sienten terriblemente atraídos el uno por el otro, pero cuando van escarbando en esa fachada que ambos ofrecen al mundo, se dan cuenta que ahí debajo hay mucho más de lo que esperaban, y es entonces cuando aceptan que sus sentimientos son más profundos de lo que eran capaces de asumir. Pero la aparición de Julia, la amante de John, y el descubrimiento del secreto que Anna esconde, hacen que todo se complique.

Me encanta la forma de escribir de Ava Campbell. Es capaz de perderse en detalles y más detalles del pasado de los personajes, sin que por eso nos parezcan superfluos o aburridos, y toda la información que nos ofrece, hace que podamos entender a la perfección cómo se han construido sus caracteres y por qué. Son maduros y creíbles, y la evolución que los va acercando es totalmente verosímil y nada forzada, al contrario de en la mayoría de historias que parten de la misma premisa de amor-odio.

Además, tiene una habilidad especial para plasmar los paisajes en palabras, haciendo que puedas visualizarlos mientras lees y que puedas sentirte como parte de ellos.

Hay un poco de todo: situaciones divertidas, otras dramáticas, algunas sorprendentes (me encanta cuando, mostrando un arrojo temerario, Anna salva a John de un salteador de caminos que intentaba robarle); intriga, celos, secretos, algún que otro malentendido, pero, sobre todo, dos protagonistas que te llegan al corazón desde el primer momento y que te hacen sufrir a lo largo de toda la historia.

― Fuente

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