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Crítica de DWNicholsSin culpa

DWNichols

Por regla general, las series que se basan en un sólo personaje para todos los libros, acaban aburriéndome en la tercera entrega. Hay muy muy pocas excepciones a esta ley de Murphy que gobierna mi vida de lectora, y resulta que “El protectorado de la sombrilla” es una de ellas.

Después del final tan asombroso de la segunda entrega, “Sin cambios”, nos encontramos a una Alexia que, contrariamente a lo que podríamos pensar, no está ni hundida ni acabada. Pero, harta de tener que aguantar de nuevo las estupideces de su madre y hermanas, decide emprender un viaje a Italia en busca de los Templarios para encontrar información sobre su condición de roba-almas, con la esperanza de descubrir una explicación razonable a su estado y poder refregárselo (sí, refregárselo) por la cara a su estúpido, cabezota e intratable marido.

Después de un largo viaje accidentado en el que se enfrenta a innumerables peligros y conoce a la gente más extraña que pueda imaginarse, llega por fin a su destino, para encontrarse con un grupo de hombres que visten “camisones” y dedican su tiempo libre a bordar cruces rojas en pañuelos blancos.

Me he hartado de reír, tanto por los pensamientos de Alexia como por las situaciones en las que se ve metida junto a sus inseparables amigos. Y sufrí por el pobre lord Maccon, con sus enigmáticas borracheras y líos mentales.

Divertida, emocionante y llena de fantasía, esta serie debería ser considerada la primera de un nuevo género: el romántico steampunk.

― Fuente

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