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Crítica de FAUSTOEl baile

FAUSTO

LAS MISERIAS DE LOS NUEVOS RICOS

Irène Némirovsky de origen ucraniano, rica y judía, se estableció en Francia con sólo 16 años. Personaje famoso en el París de entreguerras, su vida entre la elegancia y la frivolidad, estuvo vinculada al mundo de la cultura, los salones literarios y la vida social. En el reverso de esta glamurosa faceta se encuentran persecuciones, violencia y antisemitismo de la Francia ocupada.
Es una autora que de una forma irremediable se le asocia su obra con su experiencia vital. Principalmente conocida por su testimonio (y testamento literario) de su novela inacabada “Suite francesa”, donde recoge los horrores sufridos por la ocupación nazi.
Igualmente, “El baile” (escrita en 1928 y publicada en 1930) posee un fuerte cariz biográfico: su conocimiento de la vida burguesa parisina, y la distante relación que mantuvo con su madre. El abandono y la indiferencia materna le llevó a sentir un intenso odio.

Con un estilo sencillo, claro y directo crea una historia cotidiana con apariencia trivial, pero con una gran “carga de profundidad” contenida en la trama y en los significativos diálogos. En sus menos de 100 páginas (44 en la edición digital) transita una aguda crítica social con gotas de humor en forma de una incisiva parodia. Además de esta crítica, hay un análisis psicológico del sentimiento materno-filial y, de igual forma, con la especial y difícil relación de la pubertad con el mundo que le rodea, que como a todos los adolescentes (no importa época o lugar) les es hostil y ajeno.

Los Kampf son una familia vulgar y acaudala, que debido a su actual situación financiera intentará escalar en alta sociedad francesa. Ante la odisea de organizar un baile para su entrada triunfal en este selectivo círculo, Némirovsky realiza una introspección moral a tres bandas: los nuevos ricos, la burguesía ya consolidada y la aristocracia. En una inolvidable escena (el matrimonio redacta las invitaciones a partir de una extensa lista de nombres) la escritora define perfectamente el carácter de esta fauna social. Sale a relucir la incultura y la zafiedad de esta pareja pudiente con escasa educación, maneras y buen gusto. La hipocresía y las apariencias son el “escudo de armas” de tan distinguida y diversa clase social. Aun así es un blasón endeble, pues con la falsedad y la simulación es imposible escapar de las murmuraciones; se conocen todos los intentos por medrar, trapos sucios y escándalos sexuales, ya sean de banqueros, hombres de negocios o nobles.

Por otro lado, y como tema central, se narran las vicisitudes de Antoinette, la hija del matrimonio que es una soñadora joven de 14 años. La conexión que sobrelleva con los adultos (padres, institutriz y profesora de piano) marcará la pauta de la narración. El vínculo con su madre está recalcado desde las primeras líneas del texto: una persona autoritaria, chillona, histérica y grosera frente a su apocada y retraída hija. Desde este punto inicial, Némirovsky nos introduce en el universo íntimo del adolescente. Somos testigos de sus deseos, miedos, y sentimientos de amor-odio; que oscilarán entre el extremismo y, a veces, la contradicción. Su personalidad sufre una evolución (ley de vida) con sensaciones de libertad, injusticia ante el desprecio de todos, incomunicación, envidia y ensoñaciones amorosas. Una personalidad con la cual simpatizamos o podemos sentirnos identificados. A partir de este caldo de cultivo, la joven experimentará fuertes pasiones: ansias de vivir, rebeldía, indiferencia, maldad, frustración, rencor y deseos de venganza. Antoinette, con estupor, descubrirá la debilidad y las deficiencias de los mayores.

La madre, la otra figura clave, si bien tiene una actitud parecida y constante durante la historia, la autora aporta un par de pinceladas personales. Una confesión y unos pensamientos que la “acercan” y la asemejan a su calamitosa hija, pues como dice el refrán: “de tal palo tal astilla”. Para ambas ha llegado el momento de vivir, el baile les ofrece la oportunidad para cambiar de vida.
Sin embargo, el inquietante final otorga un diferente enfoque, un gesto y unas palabras cariñosas de doble sentido que definen estas dos almas condenadas a no entenderse.

Con este breve escrito, un “aperitivo”, he empezado a degustar la prosa de esta autora, que como mínimo tiene el calificativo de interesante. Es un escueto relato como para hacerse con una opinión precisa sobre las verdaderas cualidades de esta literata, pero con la suficiente calidad y maestría que sirve de estimulo y curiosidad para indagar más sobre el estilo de Irène Némirovsky. Una “novelita” que deja un buen sabor y con ganas de más.
Como dice la sinopsis es una pequeña joya literaria (incluida ya en mi particular repertorio de tesoros literarios), que cada lector tasará y, según sea el juicio y gusto propio, calibrará como gema, perla o diamante.


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