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Crítica de FAUSTOBajo las ruedas

FAUSTO

EL PRECIO DEL INCONFORMISMO

“Bajo las ruedas”, una de sus primeras novelas, ya se encuentran las señas de identidad de Hesse, así como algunos de los temas fundamentales que tratará en posteriores títulos con sus acostumbradas referencias autobiográficas. El argumento se divide en tres claros bloques que narran los sucesos, las ilusiones y dilemas de un joven estudiante durante un corto lapso de tiempo: un curso escolar entre dos periodos de vacaciones. El monasterio cisterciense de Maulbronn, un protagonista más, marcará el ritmo de la acción. Es el tempo vital que estigmatizará la existencia de Hans, donde el paso por esta institución (un seminario) personalizará un antes, un durante y un después en el proceder y la visión del alumno modelo.

El inicio es la presentación del mundo juvenil de Hans: un microcosmos, un pueblucho de la Selva Negra, donde se recalca la mediocridad de las gentes y la barrera de incomprensión y extrañeza que conlleva la conducta de los adultos. Como una flor rara y bella se encuentra la extrema inteligencia y sensibilidad del protagonista, que son los recursos necesarios para salir del menosprecio que padece por la mezquindad y la vulgaridad que le rodea. Estimulado por su orgullo intelectual y las esperanzas y ansias de gloria de su familia y demás “personajes ilustres” del pueblo (profesor y párroco), su ambición se concentrará en la tabla de salvación que significa el estudio y un examen de ingreso para la organización de enseñanza más selecta del país. En esta primera fase, Hesse subraya la angustia y los miedos infantiles de Hans al fracaso, la difícil relación con los adultos y la confusión que produce cualquier atisbo de comunicación, así como los escasos momentos placenteros del disfrute de una actitud ingenua, simple y dichosa que supone un comportamiento normal y lógico a su edad. Todas las diversiones están siempre sacrificadas ante lo que impone el aprendizaje y la disciplina.

Como antes anuncié, el núcleo de la novela se sitúa en el seminario. La aceptación en dicho centro representa la cima de las aspiraciones y el continuo progreso de superarse a sí mismo y a los demás. Lugar donde se cita una curiosa leyenda: el doctor Fausto lo había visitado y había tomado alguna que otra copa. Al igual que el mito literario, para adquirir sabiduría hay que “vender”; aquí el alma es sustituida por otros elementos personales e inalienables: infancia, personalidad, cordura o libertad. El hombre primigenio, tal como lo crea la naturaleza, es algo desconcertante y peligroso, y la institución docente tiene la obligación de reducir por la fuerza el hombre natural para convertirlo en un miembro útil a la sociedad. Los no sometidos acabarán inevitablemente bajo las ruedas: los espíritus profundos y valiosos son arrancados de raíz.
Hans conocerá a uno de estos espíritus libres y geniales que le abrirá los ojos y le servirá como guía (figura recurrente en otros libros) para encontrar el significado de la amistad, la independencia, el inconformismo y el verdadero sentido de la vida; una dura lección que le hará recapacitar sobre lo que ha logrado y perdido por su afán de superación y las expectativas que han puesto en él.

La tercera y última parte es menos brillante, en mi opinión, o, para ser justo, debo decir no tan atrayente y estimulante frente a lo relatado en las dos primeras divisiones. A su favor posee una mayor variedad de sentimientos encontrados tras la traumática experiencia; se encuentra vacío, sus ilusiones se han trastocado y su nuevo rumbo de vida da “tumbos” ante los pensamientos y emociones enfrentadas que percibe: desde la soledad, melancolía o ideas funestas hasta el descubrimiento del amor, insólitas amistades y un enfoque nuevo a su vida. Con un final presentido, no se olvida señalar y culpar a los responsables de toda esta irracionalidad que se ejerce en nombre de la “racionalidad, el provecho y la educación”.

Hesse ha compuesto una historia lúgubre, íntima de diálogos reflexivos y con acentuada crítica vertida por el propio narrador encuadrada en una prosa distinguida, clara y profunda en la cual destacan las agudas descripciones introspectivas y paisajísticas. En unas el literato nos muestra los avatares del yo en la intrincada dualidad del espíritu humano: corazón y mente, instinto y deber; y en las otras nos ofrece unos variopintos detalles campestres con las implícitas sensaciones de sencillez, alegría, placer y amor por la Naturaleza. Un relato “didáctico” (menuda paradoja teniendo en cuenta la aversión del escritor por todo lo relacionado con lo instructivo) sobre la angustiosa existencia y la búsqueda de la libertad individual que nos “adoctrina” a contemplar nuestro interior y su relación con las falsedades e imposiciones de la sociedad, organismos y demás entidades anquilosadas con sus arraigados convencionalismos.


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