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Los alebrijes

Los Alebrijes inaugura una plaza que le permite al poeta sentar a una mesa a todos sus fantasmas. Puede recomponer, a su manera, episodios del pasado. Beber en el mismo sitio donde Pedro Páramo se despidió -a puro mezcal y café negro- de Hamlet y otros gallos antes de salir al galope hacia Comala. El libro es un sitio por el que pasan, se presentan o sobrevuelan desde Malcolm Lowry hasta Drumond de Andrade. Un bar inasible en el que otros personajes y hombres sencillos y mortales, borrachos y rufianes, fracasados y estrellas, aparecen, pudieran aparecer, disfrazados, disimulados en historias o canciones, frente a vodkas, tequilas, whiskys, rones, sangrías y otros cócteles molotov. Jorge Valdés Díaz-Vélez encuentra el misterio en estos poemas. Lo ve enseguida porque no lo busca, no se propone hallar ni ocultar nada. El poeta cuenta la verdadera vida que debe ser la que uno sueña. De ninguna manera la real que todos tenemos que vivir. Leemos poesía hecha por un hombre que sabe dibujar a mano cada palabra. Unos versos donde no sobra ni una sílaba, cadenciosos y perfectos pero con el recurso del sobresalto o del asombro. Raúl Rivero, El Mundo, Madrid, 2.6.2007.
  • ISBN 9788475175843
  • Nº PÁGS 91
  • AÑO 2007
  • EDITORIAL HIPERION

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