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Crítica de FAUSTOEl asesino hipocondriaco

FAUSTO

RECETA SIN CONTRAINDICACCIONES PARA EL BUEN HUMOR

El escrito urdido en un esquema elaborado, está compuesto en 2 líneas argumentales, constituido en capítulos muy cortos con una prosa diáfana, ágil y fácil de leer. Se alternan los episodios de ambas tramas, que tienen una relación especial y estrecha, ya que las vivencias y acciones de los escritores inciden y se integran en la vida del matón profesional, hilvanando singulares paralelismos.

El asunto principal son las vicisitudes de este asesino hipocondríaco para cumplir con su encargo, ya que posee una ética y profesionalidad irreprochable, y como él dice: una moral kantiana. Es un ser excéntrico: persona meticulosa, hipersensible, solitaria y atormentada; sólo le queda un día de vida (desde que nació está muriéndose); le persigue su legendaria mala suerte en todos sus actos; y por supuesto, se “empapa” de todas las enfermedades, básicamente de las más raras e impensables que puedan existir. Personaje que a pesar de su actividad técnica, suscita simpatía y algo de pena.
El inicio es notable, que ante las situaciones delirantes dentro de una realidad disparatada y aderezado con un humor inteligente, se lee con una sonrisa permanente. Luego decae un poco el atractivo de la historia al hacerse algo repetitivo, aunque con puntos sugestivos en la relación con la víctima. La última parte, con un giro inesperado, vuelve a aumentar el interés.

La rama “secundaria” (entrecomillada, pues es la mejor), es la parte más seria que contiene la descripción biográfica e íntima de las dolencias, enfermedades y manías de grandes filósofos y novelistas. Son los compañeros del homicida profesional, donde, por fin, puede sentirse comprendido y acompañado. Es una sociedad selectiva donde el vínculo común son el alma sensible y la eterna mala fortuna. Además de literatos y pensadores (Poe, Kant, Descartes, Poe, Tolstoi, Moliere, Voltaire, Proust, etc.) se cita otro espíritu sensible: John Merrick, apodado “El hombre elefante”, en cuya vida se basó David Linch para realizar una pequeña joya del cine. Tiene una relevancia particular en la trama, al confrontar las innumerables desdichas de este pobre hombre con los achaques y quejas de estos prohombres de las letras.

Ha sido una grata lectura, ni tan mediocre ni magnífica como he leído en algunas críticas. Es ante todo una novela corta con varias virtudes: original, amena, dinámica, por momentos divertida, y algo más que una parodia del género negro. Mi puntuación hubiera sido mejor (he tenido muchas dudas) si no tuviera, según mi criterio, ese bache argumental en mitad de la historia.
Un buen debut literario, recomendable para pasar un buen rato y sin contraindicaciones, inclusive para lectores aprensivos y serios.


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