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> > > En las ultimas semanas no había...

  • En las ultimas semanas no había efectuado el mas importante ejercicio: el facial. Un payaso, cuyo principal efecto consiste en su rostro impávido, debe conservar muy movible el rostro. Al principio sacaba la lengua antes de comenzar los ensayos, para encontrarme muy cerca de mi antes de enajenarme. Mas adelante cambie, y me mire a la cara sin trucos de ninguna clase, media hora todos los días, hasta que al fin no me encontraba ya frente a mi mismo; y como no soy propenso al narcisismo, a menudo estuve a punto de volverme loco. Llegue a olvidar realmente que era mi rostro el que veía en el espejo. Volvía el espejo del revés al terminar el ensayo, y al pasar frente a un espejo, me asustaba: había un sujeto desconocido en mi cuarto de baño, encima del lavabo, un sujeto que yo no sabia si era cómico o serio, un espectro lívido y narigudo, y corría, tan aprisa como podía, en busca de Marie, para verme en su cara. Desde que se marcho, ya no he podido hacer ejercicios faciales: tengo miedo a volverme loco. Siempre que volvía de ensayar me abrazaba a Marie, hasta verme en sus ojos: minúsculo, algo deformado, pero reconocible: era yo, sin embargo, era también el del espejo, el que me daba miedo. ¿Como explicar a Zohenerer, que sin Marie ya no puedo ensayar ante el espejo? Observarme a mi mismo comiendo era solo triste, no inquietante. Podía asirme a la cuchara, podía reconocer las judías con los restos de yema y clara de huevo, el trozo de pan que iba haciéndose pequeño. El espejo me confirmo algo tan emotivamente real como un plato que se vaciaba, un trozo de pan que se achicaba, una boca ligeramente grasienta que me seque con la manga de la chaqueta. No ensayaba. Nadie había allí que pudiera sacarme del espejo y devolverme a mi mismo.
    Heinrich Boll, Opiniones de un payaso

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